La semana transcurrió entre papeles y más papeles. Enzo y Amatista se habían sumergido completamente en los archivos, buscando cualquier pista que pudiera explicar la extraña situación en la que se encontraban. Pero, hasta ese momento, todo parecía un mar de documentos sin sentido, con ningún indicio claro de lo que Diego pudiera estar tramando. Aunque aún les quedaban montones de archivos por revisar, la fatiga comenzaba a calar en sus cuerpos.
A esa hora de la tarde, ambos estaban exhaustos.