El ascensor se abrió con un suave "ding", y Amatista, junto a Daniel, Mariam y Jazmín, se dispusieron a entrar. Jazmín se apoyaba en el brazo de su padre, visiblemente pálida.
—Ya se van? —La voz de Maximiliano interrumpió el movimiento, apareciendo con su habitual sonrisa despreocupada.
—Sí, Jazmín no se siente bien —respondió Daniel, lanzando una mirada preocupada a su hija menor.
Maximiliano entusiasmado ampliamente y, dirigiéndose a Amatista, sugirió:
—Todavía es temprano. Quédate un rato