La velada en el salón había llegado a su fin. Tras el inolvidable momento compartido en el piano, Amatista y Enzo decidieron que era hora de retirarse. Se despidieron de los presentes con la misma elegancia que los caracterizaba, pero no sin antes recibir miradas cargadas de curiosidad y envidia de algunos de los asistentes. Amatista tomó la mano de Enzo mientras se dirigían al estacionamiento, su sonrisa reflejando el bienestar que sentía estando a su lado.
El trayecto en el auto hacia la mans