El sol comenzaba a descender, tiñendo el jardín de la mansión Bourth con tonos cálidos mientras Enzo regresaba al lugar donde había dejado a Amatista. Ella aún estaba sentada cómodamente en el sofá al aire libre, con su libro a un lado, disfrutando de la ligera brisa que atenuaba el calor del día. Al verlo acercarse con su porte decidido, Amatista alzó la mirada, dedicándole una sonrisa que, como siempre, lograba suavizar incluso el rostro más severo de Enzo.
Se acomodó a su lado en silencio mi