El tiempo había pasado más rápido de lo que cualquiera de los dos imaginó. Un año desde que habían regresado a la mansión Bourth, un año desde que Amatista y Enzo finalmente se permitieron estar juntos sin más barreras.
Los gemelos, Renata y Abraham, ya no eran esos bebés diminutos que dormían tranquilos en sus cunas. Ahora eran niños inquietos, llenos de energía, que recorrían la casa con risas y pequeños pasitos inseguros, mientras Amatista y Enzo intentaban equilibrar su vida entre el trabaj