La lluvia fina caía sobre los muelles, encubriendo el sonido de sus movimientos. Massimo, Paolo y Emilio avanzaban como espectros entre las sombras de containers apilados. El almacén, una estructura oxidada y olvidada, estaba más vigilado de lo que parecía. Dos hombres con pasamontañas, fumando bajo un alero, fueron neutralizados con una rapidez silenciosa y brutal que hablaba de años de experiencia.
La puerta se abrió sin resistencia. El interior era un paisaje desolador: colchones sucios en e