Enzo, Amatista y Emilio ingresaron a la sala privada donde una gran mesa redonda los esperaba. Al principio, la estancia era imponente, con un aire de exclusividad que se sentía en el ambiente, marcado por la elegancia de los asistentes. Muchos hombres de poder ya se encontraban allí, acompañados de sus esposas, algunas mujeres de compañía, y otros, como Enzo, que no solían ser vistos en este tipo de reuniones. La mesa estaba llena de charlas animadas, pero la llegada de Enzo con Amatista llamó