Amatista llegó a la habitación y dejó caer el vestido al suelo antes de meterse en el jacuzzi. El agua caliente la envolvió de inmediato, relajando sus músculos tensos. Luna y Samara ya estaban dentro, disfrutando con calma cuando comenzaron las bromas.
—Maldita sea, Amatista, con ese cuerpo me daría lástima vestirme. —soltó Luna con una sonrisa burlona.
—No es justo, algunos nacemos con suerte y otros tenemos que esforzarnos en el gimnasio. —agregó Samara, mirándola con fingida indignación.
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