El amanecer se filtraba a través de las ventanas de la mansión Bourth, iluminando suavemente las habitaciones con un resplandor cálido y dorado. Enzo ya estaba despierto desde hacía un buen rato. Moviéndose con la agilidad de quien está acostumbrado a planear cada detalle, preparaba una maleta con esmero. Cada prenda seleccionada parecía reflejar su preocupación por Amatista: vestidos cómodos, alguna ropa más formal, y su fiel computadora portátil. Nada escapaba a su mirada meticulosa, ni siqui