Mientras tanto, en una sala de interrogatorios, Amatista permanecía sentada en una mesa de metal, con una oficial de pie a su lado. Aunque intentó preguntar varias veces por qué estaba ahí, la mujer no le respondió.
Después de varios minutos, la puerta se abrió y una mujer de aspecto serio entró en la sala. Se presentó como la investigadora Lara Mendoza y le dedicó una sonrisa condescendiente.
— No te preocupes, Amatista. Sabemos que lo que has vivido ha sido grave, pero estamos aquí para ayuda