La villa de los Salvetti era un avispero de actividad frenética. La amenaza de Enzo, con su plazo de doce horas, pendía sobre ellos como una guillotina. Lorenzo, con los nervios de acero, pero al borde del colapso, había redefinido la búsqueda.
—Olvídense de solo buscarla en escondites de lujo —ordenó a sus capitanes—. Revisen hospitales, clínicas privadas, incluso morgues. Busquen a una mujer que coincida con la descripción de Amatista Bourth, que haya ingresado alrededor de la fecha del accid