El sol comenzaba a descender, cubriendo el campo de golf con un suave resplandor dorado. Amatista ajustó sus manos sobre el palo mientras Enzo observaba su postura con atención. Habían estado practicando durante un rato, y aunque sus tiros aún no eran precisos, la paciencia de Enzo parecía infinita cuando estaba con ella.
—Relaja los hombros, gatita. No necesitas golpear con fuerza, sino con control —murmuró Enzo, inclinándose para ajustar sus manos sobre las de ella.
Amatista sonrió, sintiendo