La mañana amaneció con un cielo despejado y una suave brisa que auguraba un día perfecto. Amatista despertó junto a Enzo, entrelazados como si el mundo no existiera más allá de ellos. Habían pasado la noche juntos en la gran cama de la finca, pero ahora un nuevo escenario esperaba: el club de golf.
Amatista vestía una camiseta de mangas cortas ceñida al cuerpo que dejaba un pequeño espacio al descubierto en su cintura, y una falda de tenis que le daba un aire juvenil y fresco. Enzo, por su part