ISABELLA
Volver a la empresa me puso nerviosa incluso antes de cruzar la entrada. No era solo el edificio, ni los pasillos, ni las miradas inevitables de quienes sabían que había desaparecido durante meses y ahora regresaba como si nada hubiera pasado; era esa sensación incómoda de estar entrando en un lugar donde una parte de mí seguía detenida, como si algo interno no terminara de aceptar del todo que realmente estaba allí otra vez.
Respiré hondo antes de avanzar. La recepcionista me saludó c