—¿Es verdad?
La voz de mi madre sonó tan alterada que durante un segundo pensé que había ocurrido algo más, algo relacionado con mi padre, con la empresa, con Damián. Pero entonces vi hacia dónde estaba mirando: mi abdomen. Y comprendí.
—¿Estás embarazada?
No respondí. No porque quisiera ocultarlo, simplemente todavía me costaba creerlo. Mi madre dio un paso hacia la cama, después otro. Su rostro había perdido todo color.
—Por Dios, Isabella. —Se llevó una mano a la boca—. ¿Es de Damián?
La pre