ISABELLA
Nunca había odiado tanto una sala de espera. Las paredes blancas, el olor a desinfectante, las parejas sentadas unas junto a otras, las mujeres apoyadas en el hombro de sus esposos mientras aguardaban ser llamadas… todo me recordaba lo sola que estaba.
Apoyé una mano sobre mi abdomen y observé la pantalla que anunciaba los turnos. La conversación con mi madre no había dejado de repetirse dentro de mi cabeza desde el día anterior: No seas egoísta. Va a sufrir. Piensa en él. No en ti. Ha