ENFRENTANDO A ELENA

ISABELLA

Si Damián y yo éramos hermanos, tenía que verlo.

Si no lo éramos...

Cerré los ojos.

No terminé el pensamiento.

Porque terminarlo era peligroso.

No significaba que todo pudiera arreglarse. No significaba que el daño desapareciera ni que su silencio dejara de importar. No significaba que yo pudiera olvidar meses de mentiras, ni que la relación volviera a ser limpia por arte de magia. Pero sí significaría que no éramos eso. Que todo lo que habíamos sentido no estaba condenado por la sangr
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