Cuando el momento del entrenamiento llegó, se encontró rodeada de lobos listos para la acción. Axel, Asher y el resto del grupo se movían con facilidad, sus cuerpos adaptados a la velocidad y resistencia sobrehumana que le ofrecía ser hombres lobos. Para ellos, correr y saltar en el bosque era algo natural. Para Calia, era un infierno.
Desde el primer momento quedó atrás. Sus piernas humanas no podían seguirles el ritmo y tropezó más veces de las que pudo contar. Cada vez que caía, se obligaba