Cinco años después, la vida de Briella y Zadkiel transcurría en calma. Vivían juntos en una cabaña de madera construida por él mismo, en un claro rodeado de pinos jóvenes, no muy lejos de la mansión real. La casa olía a leña, a miel y a tierra húmeda. Allí, sin el peso de los muros de la mansión, ni el protocolo de la corte, eran simplemente ellos.
Los primeros rayos del sol se filtraban a través de las ventanas, proyectando sombras doradas sobre las paredes de madera. En la cama grande del seg