Calia se encontraba sentada frente al tocador, con la vista perdida en el reflejo de su rostro en el espejo. Su piel aún tenía un leve sonrojo, y la marca todavía ardía en su cuello después de todas las veces que Aleckey volvió a marcarla. Sabía lo que significaba. Sabía lo que su cuerpo comenzaba a aceptar, pero su mente seguía resistiéndose, él era el asesino de sus padres, pensaba ella con mucho enojo.
Luz, su sirvienta, acomodaba las pieles de la cama con movimientos suaves y silenciosos. C