El silencio en el comedor era sofocante. Solo el sonido de la respiración acelerada de Luz y los gruñidos bajos de los gemelos llenaban el ambiente. Axel y Asher se mantenían inmóviles, atrapando a la humana entre sus cuerpos como si cualquier intento de apartarla fuera una amenaza directa.
Aleckey frunció el ceño. No podía creer lo que veía.
—No puede ser… —murmuró, su voz baja y tensa.
Aleckey estaba incrédulo. Sabía que el destino era caprichoso, pero jamás imaginó que los gemelos encontrarí