Dos meses después…
—Seremos cincuenta —declaró finalmente, su voz profunda cortando el silencio como un hachazo—. Ni uno más, ni uno menos. Lo suficiente para ser una sombra y un aguijón al mismo tiempo.
Un mapa extendido sobre la mesa de roble ocupaba el centro de la habitación, con piezas de obsidiana marcando posiciones estratégicas. Aleckey, de pie con los brazos cruzados, estudiaba cada rincón del papel con la mirada fija de un depredador.
A su lado, Andras asentía con gravedad. Vestido con