El amanecer llegó suave, como un susurro entre las cortinas. Cuando Calia abrió los ojos, el primer sonido que escuchó fue el arrullo suave de su hijo, Zadkiel, de un mes apenas, estaba entre ambos, dormido aún, con los puñitos cerrados sobre el pecho.
Aleckey no se había movido.
Estaba tendido junto a ella, con una mano sobre el pequeño, vigilante incluso en su descanso, Calia se permitió observarlo sin interrupciones. Los rasgos fuertes del rey alfa estaban más relajados ahora, como si el sim