—¿Puedes… traerme a Zadkiel? —interrogó Calia después de haber pasado varios minutos en un silencio denso.
La pregunta lo sorprendió. Él bajo la vista y encontró en los ojos de ella una súplica que no necesitaba palabras, Aleckey asintió sin decir nada, se incorporó lentamente y salió de la habitación con pasos decididos.
Calia se quedó sola por un breve instante, el corazón acelerado ante la idea de volver a tener a su hijo en brazos. Sintió un escalofrío de emoción y de temor ¿La sentiría dif