No fue un beso apresurado ni torpe. Fue lento, silencioso, lleno de esa tensión que se había acumulado durante semanas. Clara se quedó quieta al principio, con la respiración contenida, no sabía si ceder o resistirse. Pero sus labios terminaron respondiendo, suaves al principio, después más seguros, más necesitados.
Él la sostuvo así, entre sus manos, con firmeza.
—No tengas miedo —murmuró él, muy cerca de su oído.
Ese simple gesto provocó un cosquilleo inmediato entre sus muslos. Llevaba demas