No era jueves. No había cita médica. Ni un motivo claro para presentarse. Pero aun así, Gonzalo se encontraba frente a la casa de Clara, con un ramo de margaritas en una mano y el corazón dándole golpes contra las costillas.
Había pasado solo unos días desde la fiesta patronal, pero la sensación de su cuerpo cerca del de Clara durante aquel baile aún lo perseguía. Ese beso, breve pero brutalmente esperanzador, lo tenía como un adolescente idiota. O peor. Como un adulto enamorado.
Lucía, la herm