la Plaza Mayor de Chinchón, donde los balcones se vestían de guirnaldas, farolillos y pañuelos coloridos. El aire olía a anís, a rosquillas recién hechas y a torreznos chisporroteando en aceite caliente.
Los altavoces estallaban con una versión castiza de Volando voy y la gente ya empezaba a moverse al ritmo, copa en mano. La plaza, transformada en un recinto ferial improvisado, estaba llena de puestos de comida, luces titilantes y niños corriendo con globos. La iglesia de Nuestra Señora de la