Mi piso

Entramos en mi piso y cerré la puerta tras nosotros. El aire estaba cálido y tranquilo, la luz suave de las lámparas dando un halo acogedor. Respiré hondo, como intentando absorber todo el momento. Él dejó la chaqueta colgada y me miró, como evaluando el espacio, aunque no necesitaba permiso para sentirse cómodo.

—Tu casa es… muy tú —dijo, con esa calma que siempre me desarma.

—Gracias —respondí, un poco sonrojada—. Es sencilla, pero cómoda. Para mí basta.

Se dejó caer en el sofá con naturalidad, y yo le seguí, sentándome a su lado sin rozarlo demasiado, solo lo justo para que nuestro contacto fuera agradable y cálido. No hacía falta hablar al principio, bastaba con respirar juntos, como si todo el ruido del mundo quedara fuera.

—Sabes —empecé, jugueteando con las manos—. Hoy en el restaurante… me pareció raro verte así, con tu familia. Pero también me hizo sonreír. Te vi distinto. Más relajado.

—Sí —dijo, apoyando un brazo en el respaldo—. Con ellos es fácil bajar la guardia. Pero verte a ti allí… también fue extraño. No esperaba encontrarte, y de repente… estabas ahí.

Me reí suavemente.

—Y yo tampoco te esperaba. Pero me gustó. Me gustó verte normal, no solo jefe.

—Normal —repitió, ladeando la cabeza—. Me gusta cómo suena eso. Contigo puedo ser normal. No perfecto, no serio… solo yo.

Me acerqué un poco más, sin pensarlo, solo para sentir que estaba cerca. Él no se movió; simplemente dejó que lo hiciera. Era raro cómo podía sentirme tan segura y a la vez tan vulnerable al mismo tiempo.

—¿Sabes? —dije—. Bailar contigo esta noche… me hizo darme cuenta de algo.

—¿De qué? —preguntó, curioso, apoyando el codo en el respaldo y mirando mi rostro.

—De que… me gustas más de lo que esperaba —susurré, casi para mí misma.

—Yo también —dijo, sin dudar—. Mucho más.

Un silencio cómodo cayó sobre nosotros. No incómodo, no cargado, solo tranquilo, como si todo lo que habíamos dicho y sentido flotara en el aire sin necesidad de más palabras.

—Hablando de familias —continué—. Me da curiosidad cómo es todo con la tuya. A veces pienso en cómo manejaría yo eso si… bueno, si estuviéramos juntos de verdad.

—No es fácil —admitió—. Pero es cariño puro. Caos, sí, pero cariño. Te contaré un secreto: a veces me asusta no ser suficiente para todos ellos, pero cuando estás tú cerca, me da valor.

Sonreí. Esa frase me hizo sentir más cerca de él de lo que había sentido en horas.

—Mi familia es más tranquila, más silenciosa —confesé—. Pero también me asusta no encajar del todo. Me enseñaron a cuidarme sola, pero contigo… no sé. Me siento diferente.

—Esa diferencia es buena —dijo, mirándome directo a los ojos—. Me gusta cómo me haces sentir. Me haces querer más, querer intentarlo de verdad.

Me senté un poco más cerca y apoyé la cabeza en su hombro. No era algo forzado ni romántico en exceso; era natural. Me sentía segura, protegida, querida. Él dejó que lo hiciera, acariciando suavemente mi brazo mientras nuestras piernas se rozaban sin necesidad de más contacto.

—Esta noche… —empecé, un poco tímida—. Creo que entendí algo que no quería admitir. Que… ya no puedo fingir que esto es solo diversión.

—Yo tampoco —dijo—. Y no quiero que lo sea. No contigo.

Me reí suavemente, nerviosa pero feliz.

—Qué fácil lo haces sonar.

—Porque es fácil contigo —respondió, bajando la voz—. Contigo todo fluye. Y… quiero que sigamos así, sin complicaciones, pero con verdad.

Nos quedamos un rato más en silencio, escuchando cómo la música de fondo llegaba de algún bar lejano, mezclada con el sonido de la ciudad. Y aunque no dijimos nada más, sabíamos que todo lo importante estaba allí, entre nosotros, sin necesidad de palabras.

Cuando me levanté a buscar un poco de agua, él me siguió con la mirada, y en esa mirada había orgullo, cariño y deseo. Todo sin tocarme, todo sin apresurar nada. Solo nosotros, comprendiendo que lo que sentíamos era real y que, por fin, no había máscaras entre nosotros.

Esa noche, mientras me preparaba para irme a dormir, entendí que algo había cambiado de forma definitiva. No era solo atracción, ni química. Era conexión, confianza y amor naciendo de manera silenciosa, pero intensa, lista para crecer a su ritmo.

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