Capítulo 95. Te quiero
Ella no respondió.
No dijo “no soy tuya”, ni “no digas eso”, ni ninguna de las frases automáticas con las que solía defenderse.
Solo se quedó ahí, en mis brazos, respirando contra mi cuello como si estuviera peleando consigo misma para no entregarse más de la cuenta.
Hasta que, finalmente, se separó apenas unos centímetros. Los suficientes para mirarme como si yo fuera un problema que todavía no sabía cómo resolver.
—Voy a buscar mi laptop —murmuró, casi en un susurro.
Asentí, sin soltarla del