Capítulo 78. El silencio que no dijo nada
Ginevra permaneció un momento más parada ahí, a medio metro de la puerta, como si necesitara reacomodarse por dentro antes de moverse por fuera.
—Voy a buscarte agua —dijo al fin, con la voz casi normal.
Fue hacia la cocina con esa precisión suya… solo que esta vez la precisión la traicionaba. Porque no dudó ni un segundo en abrir el cajón donde guardaba los vasos, ni en sacar el bueno, el de vidrio grueso que siempre usaba cuando tenía visita.
No buscó, no tanteó, no preguntó.
Y yo… bueno, yo