Capítulo 77. La nona y mi madre.
Ginevra respiró hondo, incómoda pero educada, y asintió. No agregó nada.
—Bueno, nosotros ya nos vamos —anunció mi mamá mientras cerraba mi puerta.
—Sí, sí, váyanse nomás —dijo la Nona mientras rodeaba el auto para subirse atrás—. Este necesita cama, sopa y silencio.
—Sopa no —refunfuñé.
—Silencio sí —dijo mi mamá.
Pero Ginevra no hizo ningún amago de seguirnos. Ni siquiera se movió hacia la puerta del acompañante. En cambio, dio un par de pasos hacia atrás, hacia donde estaba su propio auto es