Capítulo 74. G. Valentini
El silencio se instaló entre nosotros, suave, cargado, incómodo y cómodo al mismo tiempo. La clase de silencio que solo compartes con alguien que podría arruinarte la vida y aun así no te levantarías para irte.
Ella volvió a su silla, cruzó una pierna sobre la otra y empezó a revolver el café con el palito mezclador que no necesitaba mezclar nada. Era solo… nervios disfrazados. Y Ginevra Valentini rara vez se permitía estar nerviosa.
—Bueno —dijo finalmente, recuperando un poco de su postura de