Capítulo 64. Café y protocolos
La habitación se fue llenando de ese silencio que solo el café puede disimular.
Mi madre hablaba poco, pero miraba mucho.
Cada vez que Ginevra abría la boca, la seguía con los ojos como si intentara descifrar de qué planeta venía esa mujer que decía protocolo en lugar de me preocupa.
Ginevra, por su parte, fingía que todo era normal.
Revisaba unos correos en el teléfono, tomaba sorbos mínimos de café, y de vez en cuando me lanzaba una mirada fugaz, como si necesitara comprobar que seguía respir