Capítulo 58. Ella tampoco sabía estar lejos
Eran casi las once cuando sonó el timbre.
Al principio pensé que lo estaba imaginando, porque nadie toca el timbre a esa hora.
Me quedé quieto, mirando la puerta como si fuera una amenaza.
Al segundo timbrazo me acerqué despacio, con esa mezcla de nervios y cansancio que deja el silencio.
Cuando abrí la puerta, ahí estaba Ginevra Valentini.
Impecable, contenida, con ese abrigo oscuro que parecía una armadura y los ojos encendidos como si hubiera cruzado la ciudad solo para pelear.
—¿Qué estás h