Capítulo 45. Mis fantasías con Ginevra
—Deja de mirarme así.
—¿Así cómo?
—Así. Con esa cara de que estás planeando decir algo indebido.
—¿Y si te lo pregunto directamente? —dije, provocando una risa más franca.
—A ver, sorpréndeme —retó, cruzándose de brazos.
—¿Cuáles son mis fantasías contigo? —pregunté, fingiendo pensarlo—. Muchas. Más de las que debería.
—Eso ya lo imagino —dijo, divertida, aunque con un brillo de curiosidad en los ojos—. Pero dime una. Solo una.
La observé un momento. Su mirada era abierta, casi desafiante, pero