Capítulo 44. Acurrucados
Ella apagó las luces del salón sin decir una palabra.
El resplandor tenue del pasillo guio sus pasos hasta la habitación, y yo la seguí en silencio, con esa sensación absurda de estar cruzando un límite invisible que ambos conocíamos demasiado bien.
No hubo invitación formal, ni miradas que pidieran permiso. Solo el gesto simple de verla destapar un lado de la cama y acomodarse entre las sábanas, dejando el otro libre.
Un gesto que decía más que cualquier palabra.
Me quité la camisa y los zapat