Capítulo 33. Gruñona y hermosa.
El lunes llegó con esa mezcla de rutina y tensión que nunca se disipaba del todo. Y ahí estaba ella, caminando hacia mí como si el mundo entero girara a su alrededor, hermosa, impecable, y con ese ceño ligeramente fruncido que le daba un aire de gruñona adorable, la misma que había aprendido a desarmar la noche anterior.
Me quedé unos segundos en silencio, como un idiota, observándola sin poder disimular la fascinación. Su cabello caía en ondas perfectas, sus ojos brillaban con esa intensidad q