Capítulo 115. El día después
El miércoles llegó con una claridad inesperada.
No desperté pensando en Elena. Tampoco en Ginevra. Abrí los ojos y lo primero que sentí fue el cuerpo descansado, como si algo se hubiera acomodado durante la noche sin pedirme permiso. Me quedé unos segundos quieto, escuchando el sonido lejano de la calle, comprobando que esa calma seguía ahí.
Seguía.
Me levanté sin apuro. Preparé café y, mientras esperaba que hirviera el agua, noté un gesto nuevo: no estaba repasando escenas, ni adelantándome a conversaciones posibles. El beso no se repetía como una película insistente. Había quedado atrás, en su lugar justo, sin reclamar protagonismo.
Eso me sorprendió más que el beso en sí.
En el camino al trabajo, pensé en Ginevra recién al cruzar una esquina que solíamos compartir. La imagen apareció clara, casi nítida. Pero no me detuvo. Pasó como pasan las cosas cuando ya no necesitan ser resueltas. No sentí culpa por no sentir culpa. Tampoco alivio. Solo continuidad.
En la oficina, alguien me pr