Capítulo 115. El día después
El miércoles llegó con una claridad inesperada.
No desperté pensando en Elena. Tampoco en Ginevra. Abrí los ojos y lo primero que sentí fue el cuerpo descansado, como si algo se hubiera acomodado durante la noche sin pedirme permiso. Me quedé unos segundos quieto, escuchando el sonido lejano de la calle, comprobando que esa calma seguía ahí.
Seguía.
Me levanté sin apuro. Preparé café y, mientras esperaba que hirviera el agua, noté un gesto nuevo: no estaba repasando escenas, ni adelantándome a