Capítulo 114. Lo que permanece
El lunes llegó sin ceremonia.
Ni sobresaltos, ni peso extra. Me desperté con el sonido del despertador y, por primera vez en mucho tiempo, no sentí rechazo. Apagué la alarma y me quedé unos segundos mirando el techo, comprobando cómo estaba el cuerpo. No había nudo en el pecho. Tampoco esa urgencia vieja por salir corriendo de la cama.
Me levanté.
La rutina volvió a ocupar su lugar sin imponerse. Ducha, café, ropa elegida casi por inercia. Mientras me ataba los zapatos pensé que, durante años,