De pronto, todo cobró sentido.
Emma entendió por qué Mateo había permitido que Caleb subiera con Emmanuel en brazos como si no hubiera motivo alguno para alarmarse, como si las dudas que empezaban a rodearlo no fueran suficientes para mantenerlo lejos del niño.
Su cuerpo se quedó rígido al ver aquellos ojos verdes fijos en Caleb con una mezcla peligrosa de desprecio, rabia y algo mucho más primitivo. Algo que no necesitaba explicaciones porque