Lo que digo, lo cumplo.
No sabía nada de eso. Nadie se lo había dicho, ni siquiera Mateo, que claramente sí estaba enterado.
Y aun así, la irritación no disminuyó.
Al contrario.
Miró a Marco Mendoza, impecable e imperturbable como siempre, y sintió una breve punzada de vergüenza al recordar que había presenciado aquella escena sin previo aviso, metido de golpe en