Te tiene miedo.
Emma no pudo evitar la incomodidad que se le instaló en el pecho al escuchar cómo Emmanuel se aferraba a Caleb con esa naturalidad que solo tienen los niños cuando se sienten a salvo, y lo llamaba con una confianza que no se cuestiona.
Papá Caleb.
¿Desde cuándo le llamaba así?
La palabra le sonó más grande que su hijo. Le sonó a costumbre, a rutina, a hogar. Y justo ahí, a pocos pasos, estaba