Caras vemos.
Emma llevaba horas sintiendo el mismo nudo en el pecho.
La visita inesperada de Damián, y la verdad dicha sin anestesia, le habían movido cosas que ella creía ya acomodadas por responsabilidad, por miedo.
Por ese instinto animal que se le activaba cuando se trataba de Emmanuel.
En primer lugar, no quería ni imaginarlo peleando por la custodia. Se le helaba la sangre solo con pensarlo, porque no era un “pleito” cual