Soy el culpable de todo.
La forma en que Emma lo dijo no fue exactamente una pregunta.
Sonó más bien como una afirmación que necesitaba confirmación.
Damián alzó la vista despacio y sus ojos terminaron chocando con los de ella. Emma no necesitó que respondiera de inmediato, porque la angustia que brilló en esa mirada fue una respuesta en sí misma.
Damián tragó saliva y le tembló la garganta.
—¿Cómo supiste cómo pasó?