Soy Emma Hartley.
Por más que Emma le daba vueltas, no entendía por qué Lydia la odiaba tanto.
No era un odio normal, de esos que se enfrían con el tiempo o se apagan cuando la otra persona se va. Era un odio activo, calculado, insistente. Como si Lydia se despertara cada mañana buscando una nueva forma de hacerle daño.
Emma apretó la mandíbula mientras miraba por la ventana del auto, sin ver realmente la ciudad.
Había dejado atrás