Es un niño maravilloso.
Emmanuel estaba tan feliz con su helado y con los juegos del parque, que a Emma se le apretaba el pecho de emoción cada vez que lo veía sonreír, esa sonrisa amplia que le desarmaba cualquier defensa.
Le había costado convencerlo para que no le tuviera tanto miedo a Damián. No fue con discursos, fue con paciencia y con cosas pequeñas, con esa idea simple de que el “señor” no era malo, solo estaba aprendiendo.
Al final, cuando ya no