El cuerpo de Damián se quedó congelado, como si haberlo deducido fuera una cosa… pero escucharlo de la boca de Emma fuera otra completamente distinta.
Y, para sorpresa de ella, también fue liberador.
Emma sintió un alivio inexplicable, porque había pasado demasiados años escondiendo quién era en realidad, midiendo cada palabra, corrigiéndose en silencio, cargando con una identidad prestada como si fuera un abrigo pesado incluso en verano.