Si él es feliz… yo también.
El dolor le explotó en la sien apenas abrió los ojos, como si alguien hubiera metido una banda elástica alrededor de su cráneo y la estuviera apretando con paciencia cruel.
Emma parpadeó hacia el techo, respiró por la nariz y soltó un quejido mínimo que se tragó a mitad de camino, por puro orgullo.
No recordaba la última vez que una resaca la había puesto en ese estado.
—Dios mío. No voy a tomar una gota de licor el re