Se está cocinando el amor.
El baile había terminado, pero Caleb no apartó la mano de la cintura de Emma cuando regresaron a la zona exclusiva.
Al contrario, la acompañó como si ese contacto fuera lo más natural del mundo, como si su cuerpo ya supiera dónde quería tenerla sin necesidad de pedir permiso.
Para cualquiera que mirara desde lejos, no había duda, parecían una pareja.
Emma lo notó en el acto y le dio rabia… no con Caleb, sino con el mundo.
Caleb, por su parte, estaba demasiado consciente de lo que hacía. No era torpe ni ingenuo. Simplemente… no quería alejarse.
Había pasado años guardándose cosas, fingiendo que le bastaba con estar cerca. Ahora que Emma estaba de vuelta en su órbita, se le hacía imposible actuar como si no le importara.
Sienna reapareció agitando el celular de Emma como si fuera un trofeo.
—Emma, tu