Se está cocinando el amor.
El baile había terminado, pero Caleb no apartó la mano de la cintura de Emma cuando regresaron a la zona exclusiva.
Al contrario, la acompañó como si ese contacto fuera lo más natural del mundo, como si su cuerpo ya supiera dónde quería tenerla sin necesidad de pedir permiso.
Para cualquiera que mirara desde lejos, no había duda, parecían una pareja.
Emma lo notó en el acto y le dio rabia… no con Caleb, sino con el