Puedo ser un buen padre.
La vergüenza le subió a Violette como un golpe de calor, de esos que te dejan sin aire por un segundo y te obligan a reaccionar rápido o morir socialmente ahí mismo.
Le lanzó a Sienna una mirada asesina, de hermana a hermana en guerra, y se inclinó lo justo para que solo ella escuchara.
—Gracias por avisarme que también venía él. Acabo de quedar en ridículo.
Sienna se mordió el interior de la mejilla para no soltar una carcajada en su cara.
Por dentro estaba celebrando el caos como si fuera un deporte, pero también le brillaban los ojos con esa emoción infantil que solo le salía cuando veía a Emma sonreír, aunque fuera poquito.
Emma, en cambio, sintió una punzada de ternura por Violette. No porque la situación fuera grave, sino porque entendía perfectamente lo que era quedar expuesta sin querer.
Violette, con una rapidez