Puedo ser un buen padre.
La vergüenza le subió a Violette como un golpe de calor, de esos que te dejan sin aire por un segundo y te obligan a reaccionar rápido o morir socialmente ahí mismo.
Le lanzó a Sienna una mirada asesina, de hermana a hermana en guerra, y se inclinó lo justo para que solo ella escuchara.
—Gracias por avisarme que también venía él. Acabo de quedar en ridículo.
Sienna se mordió el interior de la mejilla para no sol